martes, 16 de diciembre de 2008

tv series. Weeds... ¿para o sobre (algunos) fumados?


WEEDS ES UNA SERIE PARA FUMADOS. Eso es lo que yo pensaba hace unos meses. Lo cierto es que la premisa no era muy halagüeña: una serie sobre un mamá white trash que, tras la muerte de su marido, se pone a vender droga para costear el american way of life al que está acostumbrada. Lo que yo pensaba: genial, una excusa para media hora de esas risas ralentizadas que tanto les gusta a los "fumaos". Será que no fumo, pero nunca me he sentido identificado con productos de este tipo. Por eso me costó levantar las barreras y permitir que Weeds entrara en mi vida y tuviera que cambiar lo dicho al principio de este párrafo por...


WEEDS ES UNA SERIE SOBRE (ALGUNOS) FUMADOS. Y no demasiados, si hay que hacer honor a la verdad. La cuestión es que acabo de terminar la segunda temporada de esta serie y hacía tiempo que no tenía tal subidón de adrenalina con un cliffhanger final. Ni con Lost (y esto es mucho decir)... Y es que, pese a que los primeros capítulos me gustaron sin más, Weeds es una de esas series que van creciendo poco a poco hasta que, no sabes muy bien cómo, tienes delante de tí un rascacielos enorme que no habías visto hasta el momento. De hecho, es un rascacielos que te provoca unas inmensas ganas de escalarlo a lo Spiderman. Pero no sólo no eres Spiderman (¡flipao!), sino que los guionistas de Weeds son una vil mutación del Dr. Octupuss: seres malvados que te impiden incluso coger el ascensor. Te obligan a subir caminando poco a poco, parando piso a piso para que degustes los (dulces y refinados momentos de tensión creciente cercanos a un nivel insano de taquicardia. Pero que nadie crea que esta serie vive de la tensión, porque este nerviosismo de algunas resoluciones (a nivel orgiástico en el último capítulo de la temporada) no es más que la traducción clara y limpia de unas tramas (familiares, policíacas, lunáticas) inteligentemente narradas y estructuradas... Y, sobre todo, es la cúspide de una montaña en la base de la cual descansan unos personajes humanos, hiper-reales y, por lo tanto, tremendamente cómicos (sin olvidar que la base de toda comedia está en lo grotesco del drama): Nancy es uno de los personajes centrales de comedia con más entresijos de los últimos tiempos, pero el resto no se quedan atrás (con especial mención para Celia, el reverso oscuro y desternillante de la protagonista). En conclusión: que la hierba y los fumados forman parte de la trama, claro que sí... Pero que si alguien se acerca a esta serie buscando Cheech & Chong lo lleva claro. Porque Weeds no necesita de ningún humo para provocarte la risa tonta: te provoca una sonrisa que nace de algo mucho más profundo. Del reconocimiento y la empatía. ¿Quién dijo que hacer comedia era algo simple?

miércoles, 10 de diciembre de 2008

música. Informe Semanal #5


Denison Witmer. El oficio de cantautor (a la inglesa, a la "singer songwriter"... no a lo cantautor tipo Tontxu) debe ser de los más ingratos que existen dentro del negocio de la música: las no pretensiones suelen pagarse con carreras a medio fuego que, si no miras con lupa, nunca acaban de despegar... Es lo que le pasa a gente como Josh Rouse, Andrew Bird o este Denison Witmer que nos ocupa. También podría haberle pasado a Sufjan Stevens, pero el de Michigan ha sido el más listo de la última hornada de cantautores y ha sabido jugar tan bien sus cartas como para convertirse en un hype indie pendiente de reválida. Las referencias nos son inocentes: Witmer tiene mucho de Stevens y de Rouse. Para ser concretos, en su anterior álbum, Are you a dreamer? (2005), tenía mucho de Stevens; mientras que la vena Rouse se le marca de forma pronunciada en su última producción: Carry the weight (2008). Lo que viene a significar que ha abandonado la pretenciosidad instrumental del que pretende llenar teatros para instalarse en la humilde posición de aquel que toca canciones delante de una chimenea. Para emocionarse. Para emocionarnos. Y a fe que lo consigue, con disparos optimistas como Life before aesthetics o con tonadas más melancólicas como From here out. Y es que escuchando Carry the weight no puedes evitar sentir cierto malestar al pensar que Denison Witmer nunca será Sufjan Stevens. Pero, ¡qué coño!, ni lo quiere ni lo necesita.

Life before aesthetics - Denison Witmer

martes, 9 de diciembre de 2008

cine. Las horas del verano


Olivier Assayas. Ese gran desconocido. O, al menos, para mí. Claro que había oído hablar de Demonlover (2002) y, sobre todo, de Finales de agosto, principios de septiembre (1998). Pero tengo que admitir que no pasé por el cine para ver ninguna de las dos (de hecho, ahora mismo no recuerdo si Demonlover llegaron a estrenarla por aquí). Sea como sea, el apellido de Assayas se quedó clavado en mi memoria cuando galardonaron la actuació de Maggie Cheung en Cannes gracias al film Clean (2004), de este mismo director. Entonces se levantó cierto revuelo porque se suponía que Cheung debería haber estado en 2046, la peli de Wong Kar-Wai que se fue del festival con las manos vacías. Pero, sea como sea, Clean tampoco se estrenó nunca en nuestro país... así que toca hablar de Las horas del verano. Y "toca" por muchas cosas. Pero, sobre todo, porque es caramelito fabricado a partir de celuloide y de esa sensibilidad afrancesada de que la siempre he sido fan irredento (para disgusto de muchos que han tenido que soportar mis disertaciones al respecto).

Para empezar, Las horas del verano es la heredera incuestionable de Mi estación preferida (1993) de André Techiné. La relación entre ambos films no es azarosa: no sólo lo ha reconocido en diversas entrevistas, sino que Assayas ya colaboró en el guión de films de este mismo director, tal y como Alice y Martin (1998) o Rendez-vous (1985). La premisa es similar: varias generaciones de una familia que se reúnen alrededor de una mesa en el entorno idílico de una casa de campo invadida por el verde del paisaje exterior y la melancolía del pasaje interior. Mi estación preferida acaba con esta comida, pero Las horas del verano arranca precisamente con este encuentro forzado entre distintos estratos generacionales de una misma familia. A partir de ahí, en vez de ahondar en los claroscuros de ese árbol genealógico, directamente Assayas prefiere dejar que se revelen por sí solos al contrastarlos con una trama en la que lo importante es cómo pasa un legado (cuadros y objetos artísticos de elevado valor) de las manos que lo atesoraron a unas manos mucho menos interesadas por la significación artística que por el valor material.

De esta forma, el discurso de Assayas se escinde en dos semi-discursos apasionantes (por mucho que, a tenor del ritmo de la película, muchos me reprochen utilizar un adjetivo como "apasionante"): por una parte, se trata el cambio de un mundo antiguo en disolución hacia un mundo nuevo con unos valores completamente diferentes (aunque en el que parece latir cierta esperanza, tal y como se observa en la obstinación del hijo mayor o en la devastadora fiesta final perpetrada por los adolescentes de la familia en esa casa a la que se le ha despojado de todo ); y, por otra parte, nos habla de la ambigüedad conceptual que comporta todo acto artístico (¿está más vivo un objeto a la vista de todo el mundo en un museo o, precisamente, en la casa de alguien que lo atesora y lo mima como un objeto personal?). Pero que nadie se engañe a este respecto: a diferencia de otros films que también abordan la cuestión artística, Assayas es capaz de dejar al descubierto un corazón cálido y emocional (y, muchas veces, a través de imágenes simples pero poderosamente evocativas, como ese teléfono que nunca salió de su caja). Más cálido y emocional si cabe al contrastarse con una puesta en escena delicada pero gélida. Pero, ¿desde cuándo le hecho yo un feo a los films gélidos? ¿Y, sobre todo, a los films gélidos franceses?

miércoles, 3 de diciembre de 2008

cómic. 110 perç


Esta es la primera vez que Tony Consiglio aparece en este blog... pero no debería ser así. He revisado el post con el que nació Too Cool To Be Forgotten, aquel en el que hablaba del cómic de Alex Robinson, y fue un patinazo no mencionar en él a Mr. Consiglio. ¿Por qué? Básicamente, porque son ambos son amigos del alma y sus trabajos se retroalimentan y se entrelazan con una sincronía siempre asombrosa. Ambos, junto a algunos otros autores, forman el llamado The Ink Panthers: una especie de congregación de freaks comiqueros que comparten gusto por el cómic tipo novela gráfica que tan buenas críticas recibe siempre... pero también por el rollo Dungeons & Dragons de toda la vida. De Consiglio, sin embargo, no he podido ver todavía ningún ejemplo de viñetas de fantasía heróica. Será porque sus cómics suelen tener más dificultades para llegar a nuestro mercado que los de su amigo Robinson.

Hace un año o algo así pudimos ver editado en castellano, sin embargo, el magnífico Más o menos (publicado por Diábolo), donde Consiglio exploraba su vena auto-biográfica (algo deformada y esperpéntica) con resultados tronchantes y emotivos a partes iguales. Y, viendo que no hay planes de editar nada más de este autor en España, finalmente me hice con 110 perç en su versión americana. No me arrepiento: de nuevo, Consiglio se muestra como un autor capaz de atrapar al vuelo emociones incómodas (por lo que tienen de profundas) y plasmarlas con dos trazos simples pero firmes. El dibujo de este autor siempre sobrevuela un poco por encima del aprobado, sin caer en el feismo infantil tan de moda pero huyendo del hiper-realismo y lo barroco. Como a la hora de plantear sus tramas, en lo referente al trazo Consiglio es muy amigo de lo simple pero efectivo. En esta ocasión en concreto, 110 perç plasma la extraña relación entre tres marujas de edad avanzada que viven por y para un boy band tipo Backstreet Boys (que, evidentemente, se hacen llamar 110 perç). Sin duda, es un punto de partida más que interesante al que Consiglio sabe sacarle punta con su mirada afilada, irónica pero siempre realista y benevolente cuando tiene que serlo (lo que no implica que no sea implacable cuando toca... y no quiero avanzar nada de la trama). Finalmente, si Más o menos era el retrato de un entorno familiar disfuncional pero divertidísimo, 110 perç acaba siendo un tríptico agridulce sobre las dificultades de esas mujeres de edad avanzada que no tienen nada, que tienen más vacío que alegría en sus vidas... Podría ser lacrimógeno. Pero esa no es la intención de Consiglio. Su intención es que cerremos el cómic con una sensación sutil de optimismo y vitalismo... Y lo consigue.

lunes, 1 de diciembre de 2008

tv series. Carta de amor apasionado de un fan fatal de Lost al final de la cuarta temparada


Todo lo que viene a continuación debería ir acompañado de uno de esos rectángulos negros que tapan los ojos de los testigos indiscretos de ciertos programas de televisión. Porque que conste desde un buen principio: yo soy fan de muy pocas cosas... Pero de Lost, lo soy sin vergüenza y sin remisión. No tengo ningún pudor a la hora de afirmar que los visionados de todas y cada una de las cuatro temporadas han ido acompañados de múltiples (y freaks) extras como el ARG (The Lost Experience) o la visita a miles y miles de páginas que hablan de teorías y conspiraciones múltiples.

Pero no voy a hablar de teorías y conspiraciones porque necesitaría un blog extra para ello. Sólo quiero dejar constancia de que ayer terminé de ver la cuarta temporada de Lost (sí, con mucho retraso... pero eso es lo que hay, tal y como expliqué en el post de Dexter) y de que, a día de hoy, sigue pareciéndome una de las series más inteligentes e interesantes del panorama actual. Así que, un poco harto de las críticas típicas, vamos a por un dicen / digo en el que dejar claras las cosas:
  • DICEN... que la cuarta es la mejor de todas las temporadas. / DIGO... que está al nivel del resto. Un nivel excelente, evidentemente. Es más, debido a su corta duración, incluso me aventuraría a decir que no es "peor" por menor calidad, sino por menor cantidad. La impresión de que es "mejor" podría venir proporcionada porque, ahora, la trama avanza en dos direcciones paralelas (presente y futuro... aunque más bien parece que el presente son los flash-forwards y el pasado es la isla), mientras que antes había un presente (la isla) y un pasado discontinuo (los flashbacks). Pero acostumbrado a las sesiones de "Lost en vena", 14 capítulos se me han hecho demasiado cortos. Tan cortos que me ha parecido un "in pass" hacia lo que está por venir en las dos últimas temporadas. Que va a ser muy gordo.
  • DICEN... que la trama de Lost no aguanta seis temporadas. / DIGO... que nos podrían tener en vilo unos quince años más.
  • DICEN... que lo que hacen Abrams y su equipo de guionista es muy fácil: mantener la intriga constante a través de misterios que se desvelan con cuentagotas. / DIGO... INTENTADLO VOSOTROS! No sólo es jodidísimo hacerlo con la inteligencia con la que se dosifica la información en esta serie, sino que se requiere de muchísima pericia para presentar la trama con tal riqueza de capas interconectadas.
  • DICEN... que lo de Lost no es para tanto porque es como un burro al que le ponen delante una zanahoria para que corra y corra sin dirigirse a ninguna parte / DIGO... que puede que me equivoque, pero que en esta cuarta temporada ya vemos suficientes indicios de que J.J. Abrams y compañía lo tienen todo más que ligado y pensado. Se empieza a desenmarañar la trama alrededor de Dharma y de Los Otros, añadiendo las conexiones (inquietantes) con Charles Widmore y el padre de Jack. Para quitarse el sombrero.
  • DICEN... que los protas son Jack, Kate, Sawyer, Locke y los estrellados iniciales. / DIGO... que, a tenor de lo visto, el protagonista absoluto de la serie es, sin duda, Ben Linus. Inmenso.

viernes, 28 de noviembre de 2008

música. Informe Semanal #4


Scott Matthew. Mi historia con Scott Matthew es, cuando menos, abrupta. Ya hará algo más de un año que lo descubrí mientras paseaba su barba por el metraje de Shortbus (el film de John Cameron Mitchell), guitarra en ristre, como un folkie extraviado en un magma de sexo en grupo. Entonces, me enganché a su MySpace e incluso me hice una lista exclusiva con las canciones suyas que había en la banda sonora del film. Poco después, por motivos diversos, cayó en mis manos su debut, mucho antes de que saliera a la venta. Justo en la primera escucha el enganche se convirtió en obsesión, en adicción. Canciones como Abandoned o Balladear resonaban en mi interior (tan proclive a la tristeza y la melancolía) a todas horas... Así que la oportunidad de verlo en directo, hacia mayo de este mismo año, fue como un regalo (bueno, lo cierto es que fue "un regalo", sin el "como", por el que creo que nunca dí las gracias. Así que: ¡¡GRACIAS!!). Pero el regalo se convirtió en decepción: que conste que no fue un mal concierto... Pero no era lo que yo esperaba. No llegaba a las cotas de altura emocional e introspección que yo atesoraba con ilusión, muy posiblemente porque Matthew salió al escenario bastante bebido y no acababa de meterse en las canciones. Y también muy posiblemente porque, por cruel que suene, yo esperaba volver a ver a un Antony romperse sentimentalmente delante de mis ojos. La crueldad del espectador.

Ya han pasado muchos meses desde aquel concierto. Desde entonces, mi nivel de escuchas de su debut homónimo se redujeron a casi nada... Hasta que anunciaron que volvería por estas tierras. A la misma sala. Al principio sentí miedo, pero pronto volví a escuchar el disco y algo se rompió de nuevo en mi estómago cuando escuchaba determinados temas. Eso, sin embargo, acrecentaba un miedo que, ayer por la noche, se disipó sin dejar ni rastro. El concierto que Scott Matthew dio anoche en la Sala 3 de Razzmatazz fue, simple e impecablemente perfecto. Su nivel de alcohol por litro de sangre era el adecuado, así que se podía apreciar perfectamente como, al empezar cada canción, el mundo se desdibujaba a su alrededor y aparecía esa fractura entre su introspección y el voyeurismo del público, tan necesaria cuando practicas composiciones como las suyas. La prueba de fuego era Abandoned... y tengo que reconocer que acabé con los ojos llorosos y los pelos de todo mi cuerpo encrespado. Finalmente, no podía evitar sorprenderme ante la versatilidad de este artista que tan pronto pasa de la tristeza apocada de Surgery a la alegría contagiosa, con toda la sala dando palmas, de Upside Down. Por todo ello: muchas gracias, Scott, por permitirme que recupere la fe en tí. Esto es como los curas: una vez pasan por una crisis, vuelven con más fuerza.

Abandoned - Scott Matthew

jueves, 20 de noviembre de 2008

tv series. Dexter. Lo que todos sabíais... pero yo no.


Hará un par de años que alguien me pasó la intro de Dexter... y me fascinó al momento. Sabía que, con semejante opening, y con Michael C. Hall de protagonista, sólo podía caer rendido a los pies de esta serie... tarde o temprano. Pues bien, ha resultado ser bastante tarde. Y es que esto es lo que pasa cuando tienes un código moral estúpido (y ordenado) que te obliga a ver las series a medida que van saliendo en DVD en este país. Es por eso que todavía no he visto la cuarta temporada de Lost... y, por extensión, no he visto hasta ahora la primera de Dexter. Tampoco es que me arrepienta. Lo único malo de este regimen de visionado es que ahora que puedo comentar sobre el tema, resulta que todo el mundo ya ha comentado y no puedo decir nada nuevo.

Total... Que, tal y como pensaba, he acabado siendo fan de Dexter. Pero no tanto como imaginaba (eso sí, ya me han soplado que el fanatismo seguramente me llegue con la segunda temporada... ¡siempre tarde!). No he podido evitar acabar con cierta sensación de bluff, básicamente por un motivo: los cinco primeros capítulos son impecables, pero después la trama parece diluirse para, en los dos últimos episodios, apresurarla con sutiles palmaditas en el culo. Lo que podrían haber explicado de forma mucho más extensa (a lo largo en el tiempo, sí, pero también hacia abajo, escarbando), haciendo que la fascinación calara hondo en el espectador, lo resuelven a trancas y barrancas, de forma que al final piensa "ah! muy bien la conclusión" (y que conste que es una de las resoluciones más apañadas del panorama de series actual)... pero ya está. Podría haber sido mejor. Igual que se podrían haber aprovechado algunas relaciones que, finalmente, quedan desperdiciadas (y me refiero básicamente a ese psicólogo asesino,con quien Dexter podría haber establecido un lazo más que seductor). Pero que nadie crea que estoy despotricando contra la serie: me ha alucinado el ritmo, las actuaciones (deeply in love con la hermana del prota... ñam!), el cuidado empaque visual (esos blancos quemados son oníricos, casi surrealistas) y, sobre todo, la deliciosa trampa moral que supone posicionarte al lado de un asesino, desear que se salve y se salga con la suya. Pero no puedo esperar para meterme mucho más profundamente en esa salvaje dicotomía ética que supone la forma de vida de Dexter: espero que la segunda temporada vaya precisamente de eso... Por lo demás, un último fallo de la serie: los títulos de crédito finales deberían ir acompañados de Bonnie 'Prince' Billy cantando "I'm a wolf among wolves"... Perdonadme. Tenía que decirlo.

viernes, 14 de noviembre de 2008

cine. Quemar después de leer. No entiendo a los Cohen


Vayamos con la verdad por delante. A continuación, un pequeño listado - advertencia:
  1. Ni Fargo ni Sangre Fácil me parecen esas obras maestras que todo el mundo dicen que son. Para mi gusto, están bien. Pero poco más.
  2. He intentado ver El Gran Lebowsky unas cuatro veces y siempre me quedo dormido hacia el cuarto de hora.
  3. No country for old men me parece, directamente, un bodriazo pretencioso que, con tres recursos rimbombantes, va de cine de autor.
  4. Me salieron sarpullidos por todo el cuerpo cuando me enteré que los Cohen van a dirigir The Yiddish Policemen's Union (adaptación del libro de Michael Chabon).
Ante semejante panorama, supongo que nadie esperará que diga nada bueno de Quemar después de leer. Después de su escasa hora y media salí del cine con esa molesta sensación de tiempo perdido en el que los autores del film se han enfrentado a su tarea con absoluta desidia, prisa y despreocupación. Si no, no lo entiendo. Sólo con que hubieran re-visionado un par de veces la mítica Charada podrían haber sacado inspiración para propinarle un electro-shock a esta criatura de celuloide que parece que ya nació muerta. La trama es simple hasta decir basta (intentan jugar al enredo con el montaje, pero ni así consiguen que la trama no parezca lo que es: un argumento trillado y lineal); los actores están en perpetuo estado de desgracia absoluta (lo de Brad Pitt y Frances McDormand no tiene nombre, y los únicos que se salvan son Tilda Swinton y George Clooney... y se salvan porque no tienen que hacer muchas filigranas con sus personajes); la realización es torpe y sin criterio (¿por qué nos regalan el disparo a bocajarro a uno de los personajes y no vemos el tiroteo final?)... Puedo seguir hasta el infinito y más allá. Pero lo resumiré en un chascarrillo: Quemar después de leer debería titularse mejor Quemar antes de entrar en el cine (y por combustion espontanea, por favor).

miércoles, 12 de noviembre de 2008

libros. El sindicato de policía yiddish... (o: ¡Michael Chabon es Dios!)


Advertencia antes de que sigáis leyendo: lo mío con Michael Chabon trasciende la admiración. De hecho, es el único autor moderno (lo que se puede leer directamente, como autor "vivo") del que leo religiosamente todo lo que va publicando. ¿Por qué? Porque me proporciona momentos de placer absoluto y sostenido durante días y días. Como en el caso de El sindicato de policía yiddish. O como en los casos de todos sus libros anteriores. Y que nadie se piense que son experiencias separadas: leer a Chabon es un continuo en el que siempre encuentras constantes y nuevos desarrollos. La cuestión judía (de especial importancia en su último libro, pero también presente en la maravillosa Wonder Boys), el frikismo comiquero y mitómano (sublimado en Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay), la homosexualidad (siempre presente aunque sea de forma testimonial, como en El sindicato de policía yiddish)... El universo Chabon es extenso pero dulcemente reiterativo. Es como visitar la casa de tus padres cuando ya no vives en ella.

Si hay que centrarse en El sindicato de policía yiddish, sólo puedo decir que es un experiencia deliciosa en la que Chabon desarrolla un gusto por las estructuras de thriller policial y de investigación (a medio camino entre el pulp más arty y Sherlock Holmes): crea todo un mundo original del que sólo te da las pistas necesarias para que camines por donde él quiere. Pero nunca realiza una descripción masiva a lo Tierra Media de Tolkien: ese mundo en el que la segunda guerra mundial acabó de forma diferente para los judíos (y en el que Alemania se vio asolada por una bomba nuclear) aparece con formas borrosas. Lo que sí que aparece con formas definidas, cristalinas, es esa ciudad imaginaria de Sitka: un reducto de judíos en Alaska en el que los adeptos de esta religión se han establecido en sus propias estructuras de gobierno, de control social e incluso de lúmpen (es impagable la imagen de esa mafia de sombreros negros, largas barbas y patillas). Pero no sólo fascina la estructura social: a cada página puedes palpar la mugre en las calles, la oscuridad reinante... El paisaje exterior que se filtra hacia el paisaje interior de todos los personajes. ¡Y vaya personajes! Porque por mucho que El sindicato de policía yiddish sea un thriller, Chabon realiza una espectacular orografía de personajes dañados, heridos, que se mueven por la inercia de unos ideales difusos pero potentes, casi pulsiones: Landsman, Berko y Bina son las marionetas de un teatro que se revelan contra los hilos que los intentan manejar. Los títeres de una función en la que, sutilmente, se filtra una disección de la importancia de los lazos íntimos en una sociedad en desintegración y de la integridad personal en contraposición a una corrupción general que, evidentemente, acaba criticando la política intervencionista (y algo cerda) de Estados Unidos. Porque, evidentemente, por mucho que el mundo de El sindicato de policía yiddish sea una invención, los yankis siguen siendo yankis. Yankis que no se han dado cuenta todavía de que, entre sus filas, tienen a un Dios. Y se llama Michael Chabon.

(Ya os advertí al principio de que esto iba a ser un texto de fan total, ¿no?)


martes, 11 de noviembre de 2008

música. Informe Semanal #03


Ra Ra Riot. Lo de Ra Ra Riot no es ninguna novedad: hace meses que estoy obsesionado con su álbum de debut: The Rhumb Line. Lo que si es novedad es el subidón que llevo en el cuerpo después de su primer concierto en nuestras tierras, acontecido el viernes pasado en la sala 2 del Razzmatazz barcelonés. ¿Que no estuviste? Pues te perdiste algo similar a la primera vez que actuaron por aquí Arcade Fire. Vale, aceptamos que el público de la ciudad condal somos sosos a más no poder. Yo intenté botar y saltar, pero no había forma. La gente sólo se animó hacia el final de la actuación, con la maravillosa Dying is fine perlando una noche para el recuerdo. Si todavía no los conoces, ya tardes en conseguir The Rhumb Line y deleitarte con la música de estos chicos que, cuando quieren, hacen cosquillas en la planta de los pies a Arcade Fire (como en la sublime Ghost under rocks) y, cuando lo prefieren, se derivan hacia otros caminos más exaltadas, más espídicos. Sin perder nunca de vista la épica, eso sí.

Ghost Under Rocks - Ra Ra Riot


Klaus & Kinski. Porque España también existe. Incluso Murcia. De allí vienen Klaus & Kinski, unos niños que muchos dirán que caminan por caminos demasiado trillados y ya superados (con los omnipresentes Family asomando en el horizonte)... Pero la posibilidad de pasar un rato con el corazón encogido entre la alegría y la melancolía nunca está de más. También estuvieron en Barcelona: fue el sábado pasado en la celebración de los 15 años de Jabalina en La [2]. Y la actuación fue, cuando menos, entrañable: con esa cantante apocada pero divertida en su parquedad de palabras (que, finalmente, se intuyeron como nervios puros y duros). Sea comos sea, su primer álbum, Tu hoguera está ardiendo, es una de las muestras más heterogéneas de lo que se puede hacer partiendo de un legado tan reducido como el pop español. Ninguna canción se parece a la anterior (destacando la sorprendente Mengele y el amor), las letras son inteligentes y extrañas para el entorno sonoro a través del que se abren paso... Vamos: que lo hemos visto mil veces pero que, con esta factura, deseamos verlo mil veces más.

El Cristo del perdón - Klaus Kinski